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Melocotón, manjar de terciopelo

El melocotón es originario de China, aunque su nombre científico “Prunus pérsica” puede inducirnos a pensar en un origen persa del mismo, de donde se creía que procedía en un principio, de ahí dicha denominación.

A Persia llegó a través de las primeras rutas comerciales, motivo por el que en ocasiones, haya sido conocida como fruta pérsica. La palabra melocotón procede del latín “malum cotoneum”, que en realidad significaba, membrillo.

Al parecer esto se debe a que las variedades más resistentes a las plagas se conseguían injertando el melocotonero en un membrillo.

También es conocido con el nombre de durazno, llamado así por que su piel es más dura que la de otras especies del genero “prunus” como la ciruela o el albaricoque, término empleado principalmente en América latina, aunque aparece documentado en español antes que el de melocotón y como tal lo recoge el diccionario de la Real Academia Española de la lengua.
En Oriente, esencialmente en China y Japón no solo ha sido conocido como fruta habitual sino por las muchas leyendas y tradiciones populares que ha generado.

En la mitología China, el melocotón era consumido por los inmortales, pues según sus creencias entre sus místicas virtudes poseía la de conferir longevidad a todos los que lo comieran.

Yu Huang o el Emperador Amarillo, santo principal de todos los taoístas, tenía una esposa llamada Xi Wangmu, igualmente conocida como la Reina Madre del Oeste, que garantizaba la vida eterna de los inmortales alimentándoles con los melocotones de la inmortalidad.

Se dice que los que vivían en el palacio de la Reina madre del oeste realizaban un fantástico banquete llamado “Pantao Hui” o el “Festival de los melocotones”, esta impresionante celebración se efectuaba cada seis mil años, puesto que el melocotonero daba hojas una vez cada tres mil años y su cosecha tardaba en madurar otros tres mil.

A esta fiesta tuvieron ocasión de asistir “Los ocho inmortales” grupo de deidades de la mitología China, el citado hecho es relatado en una de las obras más importantes de la literatura China “Los ocho inmortales cruzan el mar”.

Uno de estos dioses Zhang Guo Lao, conocido también como “Maestro del profundo conocimiento”, es a menudo representado portando un melocotón de la inmortalidad. Las estatuas de marfil que representan a los siervos de Xi Wangmu sostienen frecuentemente tres melocotones.

En la antigua China la palabra melocotón, debido a su suave textura al tacto y su delicioso sabor, era utilizada para referirse a una joven prometida, expresión que ha permanecido en muchas culturas como una forma de definir a las jóvenes bonitas, “esta como un melocotón”. A la madera de este frutal los chinos le atribuyen el poder de proteger contra los malos espíritus.

En Japón el protagonista de uno de los relatos tradicionales más populares es Momotaro. Cuenta la leyenda que una pareja de ancianos que no podía tener hijos, un día fueron bendecidos con un niño nacido de un melocotón gigante que encontraron flotando en un río.

Le pusieron de nombre momo que significa en japonés durazno o melocotón y taro que en dicho idioma define la condición de varón quedando por lo tanto bautizado como Momotaro. Cuando se hizo mayor se convierte en un gran héroe y adopta la decisión de recuperar un tesoro que se halla en isla de los demonios, acabando con ellos y salvando a los aldeanos del lugar de sus maldades.

Desde entonces “el niño melocotón” es uno de los héroes históricos de los nipones. En Japón, la flor del melocotonero simboliza la virginidad.
Son muchos los postres que podemos realizar con esta fruta, pero quizás el más famoso de todos sea el melocotón Melba. Fue Auguste Escoffier, uno de los más reputados cocineros de finales del siglo XIX quien lo ideó y dedicó a la soprano australiana Nellie Melba.

En una ocasión tuvo la fortuna de ofrecerle una comida y fue cuando aprovechó la ocasión y le sirvió en una gran fuente de plata, un cisne tallado en un gran bloque de hielo; entre las alas puso los melocotones pochados en almíbar, reposando sobre una cama de helado de vainilla y cubiertos con un velo de azúcar hilado.

El resultado fue sorprendente y Madame Melba se mostró muy satisfecha con la generosidad de Escoffier. Tiempo después, volvieron a coincidir en el Hotel Ritz de París, y en el transcurso de una conversación, ella le recordó su inspiración gastronómica; para entonces, el chef había constatado que los melocotones simplemente acompañados de helado no le convencían y pensó que algo les faltaba.

Ese algo fue el delicado perfume de las frambuesas frescas. El conjunto del helado a la vainilla, los melocotones y la frambuesa fue la solución al problema.
No debemos olvidarnos de una de las características más destacadas del melocotón, su aroma. Su agradable fragancia, hace que se utilice en multitud de cosméticos, champús, cremas corporales, suavizantes capilares, cremas hidratantes y perfumes.
Que tu delicado sabor, tu atractivo aroma y tu aterciopelada piel continúe siendo motivo de nuestra incondicional admiración.
 

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